El combate de
Clase 5 entre Ikuko Matsubana y
William Fitz será recordado durante mucho tiempo por los
seguidores de este deporte. Podemos decir que ha sido de los más
vibrantes, intensos e igualados hasta el bocinazo final que he visto en
toda mi carrera como periodista deportivo. En un principio las apuestas
daban por favorito a Fitz con su Valkirie
modificado perteneciente a la escudería Porcus Victorae, la
recién ascendida Matsubana empleaba para la
ocasión un Wolfhound modificado de la escudería de los
Artic Wolves.
Las posiciones
iniciales, después del sorteo, han favorecido el espectáculo porque la
proximidad ha permitido unos gloriosos intercambios de disparos a corta
distancia desde los primeros instantes. Desde el principio
Fitz ha intentado buscar una distancia media donde su
AMLA 10 marcaba la pauta por su alcance óptimo y remachaba con los
láser medios; para apuntar de una manera más precisa y no calentarse en
exceso, evitaba saltar solo en momentos muy puntuales.
Matsubana por el contrario ha seguido una estrategia de
saltar permanentemente con el objetivo de alcanzar una corta distancia
donde su mayor número armas y de radiadores eran superiores. Ambos
mechwarriors han mostrado una puntería fuera de lo común despedazándose
mutuamente, sembrando la arena de trozos de blindaje fundidos que
derretían el hielo a sus pies.
Poco a poco el
combate aumentaba en intensidad y a la mitad del tiempo pactado
Fitz se ponía por delante en el marcador
con un disparo magistral de su AMLA cargado con misiles
Dead Fire pre-armados que destrozaba el torso izquierdo de su rival
dejándolo tan sumamente debilitado que un simple disparo de una
ametralladora dejaría el Wolfie sin la mitad de su potencia.
Matsubana sin prestar atención a la precariedad de su
situación siguió combatiendo como una posesa.
El instante más
intenso del combate llega cuando Matsubana
adivina el movimiento de Fitz y con un potente
salto se ubica justamente en su lateral izquierdo. Ambos mech descargan
todo lo tienen, los láser medios y misiles vuelan causando serios daños
a su oponente, el mechwarrior de la Porcus Victorae toma
ventaja con un impacto en el reactor que eleva el calor de su
contrincante hasta límites insospechados pero no logra rematar la faena
impactando en el torso izquierdo. La mechwarrior de la Artic
por su parte logra destrozar la cadera de su rival y en un intento
desesperado dispara su láser ligero que impacta afortunadamente en el
lanzador de misiles de su rival que por desgracia estaba siendo
recargado con misiles armados en caliente para eliminar el problema del
alcance mínimo. Las explosiones han tambaleado el Valkiria con
consecuencias funestas y dejándolo sin su torso izquierdo.
Fitz con un magistral salto logra salir de la encerrona
aterrizando de pie a pesar de tener la pierna prácticamente destrozada.
Matsubana decide lanzar todo su potencial destructivo pero
la última maniobra de Fitz para estabilizar su
mech logra el objetivo involuntario que impacte solo un láser en su
pierna derecha, única ubicación con algo de blindaje.
A partir de este
instante se produce la inevitable desconexión por las fugas del reactor.
Aunque Matsubana con un maravilloso control
evita una caída que podría producir unos daños considerables.
Fitz detiene su mech y dispara justo antes del bocinazo
final apuntando al deteriorado torso de su rival, sin embargo esta
ubicación parece protegida por unas fuerzas casi mágicas en los últimos
instantes del combate y no logra remontar impactando todos sus disparos
en el brazo derecho.
Por último se ha
podido observar un acto sin igual en Boreal Reach: el público,
mayoritariamente de la Federación de los Soles, se ha puesto en
pie y ha aplaudido a Matsubana a pesar de su
afiliación al Condominio de Draconis en un reconocimiento al
gran espectáculo visto en la arena. (John Iceman).